21 de enero de 2025
Encontrarnos en el mismo tiempo y espacio, por ejemplo, el de una clase, parece obvio ante la mirada empírico objetiva, sin embargo eso que parece una obviedad no lo es; ese otro/a no sólo es enigmático en sí mismo/a, sino que lo es en la singularidad del encuentro, en la temporalidad propia desde la que interviene y sus representaciones de la espacialidad que está habitando a cada momento.Me parece provocativo pensarlo como una espacio-temporalidad disyuntiva, que desafía a pensar los afectos y efectos en los escenarios educativos en general y los escolares/académicos en particular.
“No es que el otro exista a partir de nuestro saber acerca del otro. El otro, aquí, ha estado siempre, pero en un tiempo quizá diferente del que lo hemos percibido; sus historias, sus narrativas, su propia percepción de ser otro, no obedece de forma sumisa a nuestro orden, a nuestra secuencia, a nuestra determinación cronológica y lineal del tiempo” (Skliar, 2001, P. 105).
Es en esa indefinición de un encuentro con la otredad, en esa imposibilidad constitutiva de la inteligibilidad del encuentro , sobre la que quiero seguir indagando, como dice Walter Kohan, esa atopía de la relación pedagógica (Kohan, 2023, P. 25).
5 de marzo de 2025
Un relato posible de mi experiencia
Lo que aquí quiero compartir, es que finalizado el cursado por la Maestría Enseñanza en Escenarios Digitales, entregado el Trabajo Final Integrador (TIF), continué construyendo, rizomáticamente, sentidos y estrategias de mi práctica docente, en torno a ese trabajo final, dado que se trata de una propuesta didáctica, por lo mismo es un trabajo final a los fines de la acreditación, pero nunca lo es, a mi entender, a la continuidad de la inquietud y la indagación.
El Trabajo Final Integrador se titula: “Escenarios digitales en el desafío de enseñar y aprender desde metodologías alternativas. Un proyecto en el que los escenarios por habitar, habiliten diversas subjetividades por devenir”. El título de la secuencia didáctica desarrollada es: “La ‘otredad indócil’. Camino a una genealogía de los movimientos sociales contrahegemónicos y mecanismos disciplinadores y represores del Estado, a principios del siglo XX”.
Es esa continuidad en la búsqueda, esa construcción colectiva de saberes y prácticas, lo que intenté expresar en la instancia de defensa, a través de una síntesis que evidencia la experiencia de comunidad dialógica presentada en un metaverso, Topía, con el título de “Ecologías dialógicas” (en enlace), síntesis de mi experiencia por la maestría, por la producción del Trabajo Final Integrador y por la elaboración de la instancia de defensa. En cada una de las etapas del trayecto, fue una constante la relación dialógica con pares de cursado, como con colegas, estudiantes y amigos/as de otros campos disciplinares y ámbitos de la vida cotidiana en general. Sobre todo en las instancias de producción del trabajo final y de la defensa, esta dialogicidad y la anfibiez de las expresiones de esos/as otros/as interlocutores, fue aún más presente y potente.
La instancia de defensa se desarrolló en forma virtual, con la presencia del jurado, mi director del trabajo final y mis invitados/as, estudiantes, colegas, tutores y amigas. La exposición inicial consistió en la presentación de los afectos y efectos subjetivantes del recorrido, se trataba de mostrar cómo esos territorios habitados de expresiones, experiencias, saberes y también interpretaciones diversas, singulares, divergentes e incluso inacabadas, han sido transformadoras de mi propia subjetividad docente, han interpelado representaciones y prácticas, pero al mismo tiempo han sido movilizadores de los y las interlocutores que fueron parte de este recorrido. Me traje a la presentación de la defensa algunas de esas experiencias desde sus relatos y producciones, en diversos formatos, audios, video, gráficas, imagen.
Fui mostrando efectos y afectos de esas conversaciones desde sus voces, y contando lo que también me fue pasando. En definitiva, la experiencia dialógica que la secuencia didáctica propone a los, las y les estudiantes devino en propia, cuando la inquietud se hizo necesidad de contar y escuchar, de dejarme interpelar, de revisar, rearticular, cambiar, dar giros a la propuesta.
La conectividad, por momentos no ayudó, esos ruidos dificultaron el seguimiento de la narrativa, a ello se sumó las expectativas expresadas por una de las evaluadoras, quien esperaba una síntesis del desarrollo del trabajo escrito y se mostró en disconformidad por la estructura y contenido elegidos. Las intervenciones de otra de las evaluadoras se orientaron a preguntas técnicas respecto de los recursos tecnológicos utilizados; una tercera evaluadora buscó recuperar aspectos epistémicos políticos desde las voces de los autores citados en el Trabajo Final Integrador, y el modo en que se concretaron el la experiencia de la implementación de la propuesta didáctica con los estudiantes.
Ante el cuestionamiento de la estructura elegida por una de las evaluadoras, el director del TFI, Roberto, pide la palabra y expresa que dado que el jurado ya la leído y evaluado el trabajo final, la intención era mostrar la continuidad de un proceso en el que episteme, política y didáctica continuaron rizomáticamente tejiendo saberes, prácticas y afectos.
Finalmente, el jurado se retira para la evaluación final y realización del acta; al volver dan lectura a la misma y luego de breves intercambios, se cierra la videoconferencia.
Elementos para indagar
¿Qué traer de la experiencia de la defensa final?
La pluralidad de voces, ecologías dialógicas en movimiento, experiencias anfibias, ¿territorios en conflicto?
El relato del propio tránsito que devino en la experiencia de diseñar escenarios y arquitecturas que habiliten a encuentros entre sujetos diversos, singulares, en sus propios tiempos y ritmos, no el del cronos escolar, sino el del aión, el de dejarse interpelar, interpelar, moverse de los lugares comunes y conocidos, dialogar en, con y desde diferentes territorialidades, resistir, sublevarse, conmoverse, desear.
Hay una dimensión de “misterio” en los aprendizajes que se ancla en lo que en cada uno/a resuena y que no puede ni podrá caer al control pedagógico y didáctico, y quizás sea esto lo le otorga mayor valor. Lo que ello sea, puede mostrarse en el contexto de lo planeado o no, o puede gestarse en tiempos propios para emerger en otros momentos, para irrumpir cuando menos se lo espera.
Entonces, en ese espacio de la academia, en el hablar de la trama en que mis procesos se cruzan con los de otros/as, me proponía revelar las subjetivaciones de la práctica docente desde un escenario que muestra los intersticios, la cocina de la construcción epistémica, metodológica, política, ética y estética de la práctica docente. En paralelo, dar materialidad a, al menos algunas de las voces con las que coincidimos en el trayecto y que desde sus experiencias, sentidos y palabras, construyeron algo propio, novedoso, diverso, enigmático para mí y para otros/as. Y quizá de eso se trate, de acoger no para enseñar la propia palabra, sino para habilitar lo diverso y ajeno.
La voz... la palabra... esa que estuvo tantas veces resguardada en citas académicas, pulsaba por salir con eros propio, mostrando la carga libidinal de sus transformaciones, la apertura a la circulación del deseo, ¿no es acaso eso de los que se trata conocer?
En una de las instancias anteriores a la defensa, hubo una interpelación que aún resuena en mis escritos: "pero no veo tu voz aquí, la escucho cuando hablamos, pero no estás en este escrito", eso implicó un trabajo de relectura y reescritura. La defensa fue un intento más o menos logrado, de avanzar hacia esa conquista, de expresar la herencia de esas voces tantas veces citadas, que ahora eran más mías que de esos y esas autores/as.
Dice Fernando Bárcena “el heredero no recibe solamente, sino que escoge: reafirma su legado, su herencia, incluso cuando la desmantela, es decir, cuando la reinterpreta, la crítica, la desplaza, interviene en ella y entonces asiste a cierta transformación, para no morir de un exceso de fidelidad” (Bárcena, 2023, P. 32)
También las voces invitadas hablaban de una experiencia singular, de la que poco importa que tan cercana o lejana sea de la idea inicial de la propuesta didáctica, porque esa propuesta lleva en germen esta intención, acoger la diferencia y habilitar una búsqueda que es propia de quien se sumerge en la experiencia, una propuesta que está abierta a poner en tensión lo curricular y moverse, conmoverse más allá de ello.
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| Imagen de mi autoría creada en Ideogram |
Con todo ello, sostengo la inquietud por lo que se puso en circulación en cada uno de nuestros diálogos, en las producciones compartidas, me moviliza pensar en la singularidad de los encuentros con todos/as/es y con cada uno/a/e, lo que está más allá o más acá de los escenarios diseñados y sus arquitecturas, que se inscribe en otros gestos de la experiencia, mínimos, ingobernables, más vitales.
Entonces, la inquietud de sí se sostiene en otra ondulación, la de la docencia. Educar como hospitalidad, como compartir una herencia, como desplazarse del control en lo que sucede, como dar lugar a la novedad, reconocer gestos inesperados, construir puentes para el encuentro.
Citas:
Bárcena, F. (2023). Pedagogía de la presencia. Voces para una educación en la filiación del tiempo. Clase 3. Módulo 1. En Diploma Superior en Pedagogías de las diferencias. FLACSO Argentina.
Skliar, C. (Comp.). (2001). El cuidado del otro. Barcelona. Laertes.

